Sofía Gómez: El agua como deporte y vida

Sobre el denso mar se suspende la bruma, con apaciguante tranquilidad. Cada tanto, un ave aventurera cruza el cielo y la dispersa un poco, dejando entrever los rayos de luz de la mañana. En el agua, a varios kilómetros de la orilla, una mujer flota sola, como una boya olvidada. Una lancha se acerca con cautela de espalda a la ciudad. La silueta del navegante apenas se distingue en el contraste con el cauce. Permanece quieto, mirando hacia lo alto; escuchando paciente. El motor de la embarcación alerta a la bandada de pájaros que mar adentro se abre paso. Los ojos se achinan por el resplandor.

La figura suspendida sobre el agua es la de Sofía Gómez Uribe, deportista de alto rendimiento; sacrificada y disciplinada en la apnea, el deporte que limita el oxígeno y sumerge (nunca antes mejor dicho) al cuerpo a situaciones anormales. 

Hoy la lancha se mueve por las propias ondas que genera, pero en ocasiones la fuerza de las olas del aguaje contrarrestan el esfuerzo del motor en medio de la excursión marítima. Eso genera un mayor desafío para la apneista, que estando en la oscuridad y el silencio, debe enfrentarse a las más exigentes condiciones para pasar del calentamiento al esfuerzo físico, retando a la soledad submarina.

En algún punto de su árbol genealógico, Sofía es, entre poderosos aletazos, descendiente bajau radicada en Colombia. Bajau que aprendió a nadar antes de caminar, nómada marítima y superhumana.

A sus 27 años, esta risaraldense es Ingeniera Civil y tiene tres récords panamericanos, un récord sudamericano y tres récords mundiales en profundidad. Para ella, la relación con el agua le ha permitido “redefinir mis límites, conocerme por completo, entender que soy una simple y llana extensión de lo líquido. Seguramente por eso, ya sea en una piscina, un lago, o en el mismísimo mar, siempre puedo encontrarme conmigo misma”, sintetiza.

Escucha nuestro podcast «La Revolución del Agua», con Sofía Gómez Uribe.

Practicar apnea poner a prueba los límites del organismo. Es un tipo de buceo a pulmón libre basado en la suspensión voluntaria de la respiración dentro del agua. En la superficie, respirar significa bajar las pulsaciones para retener el impulso de respirar una vez que se está dentro del mar. En su primera incursión pocos apneistas pueden bajar más de 10 metros. En el siguiente metro, la atmósfera del mar cambia, el agua parece descomponerse todo el tiempo, entre construcción y deconstrucción de la materia. La atmósfera presiona más a medida que se desciende. Antes de iniciar la jornada, con los pies firmes en la arena, pueden predecirse las condiciones del agua: tensa y un poco helada; ya dentro esta se vuelve más helada y los sentidos caen en oscuridad y silencio completo. 

En este punto, el poder sumergirse depende en gran medida del estado físico personal, no contar con adecuadas medidas de seguridad puede convertirse en una tragedia. El mar es traicionero y un descuido, por más etéreo que sea, puede significar la muerte. Hechos lamentables durante la práctica del deporte son los de la francesa Audrey Mestre (2002), el francés Loïc Leferme (2007), el estadounidense Nicholas Mevoli o la rusa la rusa Natalia Molchanova (2015), quienes en medio de entrenamientos o intentos por romper récords, fueron sacados sin signos vitales.

En su cosmovisión, ha comprendido la importancia que representa el agua para las comunidades. Sabe que en Indonesia, por ejemplo, habita el pueblo indígena cuyos miembros rompen sus tímpanos para sumergirse en el mar hasta 60 metros de profundidad. En las dársenas se extienden hileras de barcos amarrados, abandonados en su mayoría al trágico final de óxido y desguace; ahí los bajau pasan sus vidas entre esqueletos de buques y agua en busca de corales, perlas y pescado.

Por eso la llamamos bajau, porque es nómada perteneciente a las últimas tribus marítimas del mundo. Porque entiende que la realización humana depende en gran medida del entorno en el que habita, y sabe que el agua es fuente de vida, cultura y economía.

En medio de los buzos que sufragan las abismales aguas, Sofía cuenta con la fortuna de entrenar para estar sana física y psíquicamente. Admira, en cambio, la maleabilidad de su deporte, que vuelve dependientes a las familias pescadoras que encuentran en el buceo su sustento. 

No es ajena a la realidad de las comunidades que tienen prácticas ancestrales alrededor de los cuerpos de agua; o de las zonas del territorio nacional que no cuentan con esta; o de la importancia de los acueductos comunitarios en el desarrollo de la ruralidad; y del oficio de las curanderas, comadronas y parteras, que armadas con agua hervida, algodón, esparadrapos, gasas y tijeras, mantienen vivas la tradición de las culturas ancestrales, donde las mujeres dan a luz en sus casas.

Sofía es narradora de las historias que navegan en el mar. Ella nos acompaña con el podcast “La Revolución del Agua”, que tiene como objetivo contar las historias de las dinámicas sociales alrededor del líquido. Te invitamos a seguir las redes sociales de Tierra Grata y Cuatro Palabras para saber más.

Comparte este
artículo

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No te pierdas ninguna novedad

Suscríbete a nuestras noticias y actualizaciones