¿Y si proponemos un saneamiento rural?

El saneamiento básico es un tema que cada vez cobra más relevancia, y esto se debe a que aún hay una gran deuda histórica en todo el mundo, debido a que, según la ONU, hay alrededor 4200 millones de personas que aún carecen de saneamiento gestionado de forma segura, estando muy lejos de cumplir el Objetivo N° 6 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: poder garantizar saneamiento básico para todos.

La situación se hace más alarmante al revisar las cifras en los países en vía de desarrollo, en las que se evidencia que en las zonas rurales se practica deliberadamente la defecación al aire libre al no haber iniciativas adoptadas al contexto rural, o simplemente por el alto costo que implica tener un espacio digno, seguro y funcional.

Colombia es el claro ejemplo de la amplia brecha existente en el acceso a saneamiento en los cascos urbanos. En el país del sagrado corazón, solo el 14.36% de la población rural tiene asegurado este servicio, según Superservicios. Es por esto que resulta pertinente realizar una propuesta de saneamiento básico que esté acorde a las necesidades de la población rural para que de esta forma se disminuya dicha brecha.

Es correcto puntualizar que con la crisis climática que estamos viviendo, donde el calentamiento global empeora a un ritmo acelerado, y las sequías, inundaciones y el aumento del nivel del mar están afectando de manera significativa las soluciones de saneamiento tradicionales como las fosas sépticas y las plantas de tratamiento.

En la ruralidad se observa como las construcciones de fosas sépticas pueden contaminar los pozos profundos, lagunas o ríos de donde consumen agua lo pobladores a raíz de la cantidad de coliformes que pueden colarse a estas. Según la ONU, más del 80% de las aguas residuales en el mundo retornan al ecosistema sin ser tratadas.

La otra cara de la moneda nos sitúa en escenarios áridos en épocas de sequía, que plantea la dicotomía de usar la poca agua disponible para otras actividades básicas como preparar alimentos o consumo, o simplemente “desperdiciar” hasta ocho litros de agua bajando la cadena del sanitario.

Es importante mencionar que la defecación al aire libre puede generar otras afectaciones, como lo son: daños a los cultivos y poner en riesgo la seguridad alimentaria; enfermedades crónicas o mortales (sobre todo en niños, mujeres y ancianos); acarrea el peligro de ser atacado por animales salvajes en la intemperie, principalmente en las noches cuando no se cuenta con un espacio seguro; las mujeres están expuestas a acoso y abuso sexual, a que las observen o ataquen, pues no tienen un lugar privado para bañarse y realizar sus necesidades fisiológicas.

Además, la falta de saneamiento en la ruralidad genera que no existan espacios dignos ni protegidos, ya que normalmente se construyen estructuras cubiertas de bolsas de plásticos o madera, descubriendo un montón de vulnerabilidades, como lo es para una mujer tener el periodo menstrual y no tener un lugar propio para poder cambiarse la toalla.

Por esto y más, resulta pertinente elaborar estructuras alternativas de saneamiento que sean asequibles, descentralizadas y acordes a las zonas rurales, que no contaminen ni malgasten fuentes de agua, que no constituyan un peligro por enfermedades y que cuenten con espacios privados e íntimos para la higiene. La propuesta son estructuras modulares con inodoros que capturen de manera eficiente los desechos humanos en un entorno seguro y manipulable, y cuyo material secante sea aserrín o ceniza (la mayoría de las familias rurales cocinan en fogones de leña, así que la ceniza está disponible constantemente), de manera que se puedan crear procesos de abono con material fecal humano, evitando olores y el desperdicio de agua.

Estas estructuras darían como resultado un biosólido que contiene altas propiedades para abono y que las familias rurales pueden reutilizar en su tierra de manera asertiva y segura luego de realizar pacas digestoras o utilizar otros procesos químicos para que el biosólido quede de muy buena calidad y pueda ser utilizado correctamente.

Asimismo, estos baños pueden ayudar a aminorar las afecciones que puede generar el cambio climático gracias a la disminución de los usos de agua, ya que ahorra hasta 27 mil litros de agua por cada persona que lo utiliza y puede darse un uso productivo de los desechos para actividades como la agricultura.

Existen datos que muestran las brechas por la cobertura de saneamiento seguro entre las zonas urbanas y rurales, junto con todos los retos que implicaría soluciones tradicionales en la ruralidad. Por eso, gobiernos, empresas privadas, organizaciones y sociedad civil deben invertir en crear estos módulos de baño, para promover el uso de infraestructuras acordes al contexto, que ahorren agua y a su vez disminuyan la defecación al aire libre, una práctica inhumana por acabar.

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