Estoy segura de que, al igual que a mí, usted también se acostumbró a la idea de que las heroínas vestían de mallas, antifaces y capas, y que para convertirse en una había que tener superpoderes que nos hacían distintas a cualquier persona.
Nuestras Heroínas de carne y hueso no tienen piel indestructible. En cambio, tienen marcas y cicatrices en su cuerpo que rinden cuentas de sus esfuerzos diarios. ¡Aquí comienza Heroínas de la Ruralidad!