Casa Japón: el agua que baja de la Sierra

Habitantes de Casa Japón reunidos al aire libre sosteniendo filtros de agua.
Habitantes de Casa Japón se reúnen durante la jornada de entrega de filtros de agua.

En Casa Japón, una vereda de Dibulla, La Guajira, el agua baja de la Sierra. El reto es que llegue segura al vaso. Una historia sobre las soluciones cotidianas de la comunidad y la llegada de filtros para hogares y espacios educativos.

A Casa Japón se llega dejando atrás el ruido de la Troncal del Caribe.

Desde la carretera principal, el recorrido toma unos cinco minutos en vehículo. Caminando, puede hacerse en quince. Poco a poco, el movimiento de los buses, los camiones y los comercios de Mingueo queda atrás. Aparecen los árboles, los caminos destapados y las montañas que anuncian las últimas estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.

El aire se siente más fresco allí, aunque el calor guajiro nunca termina de irse.

Casa Japón es una vereda del corregimiento de Mingueo, en el municipio de Dibulla, La Guajira. Está lo suficientemente cerca de la Troncal como para escuchar a lo lejos el paso de los vehículos, pero lo suficientemente apartada como para que muchas de las cosas que parecen sencillas al otro lado de la carretera todavía sean difíciles aquí. Entre ellas, abrir una llave y encontrar agua segura para beber.

Nadie necesita viajar al otro lado del mundo para llegar a Japón. En Dibulla basta con apartarse unos minutos de la Troncal del Caribe.

Un nombre que guarda memoria

El nombre de la vereda nació de sus primeras construcciones.

Según recuerdan sus habitantes, las casas que había inicialmente en este territorio tenían una forma particular. Sus techos y su arquitectura evocaban las viviendas tradicionales japonesas, por lo que las personas que recorrían la zona comenzaron a referirse al lugar como Casa Japón.

El nombre permaneció incluso después de que aquellas primeras construcciones cambiaran y el territorio comenzara a recibir nuevas familias.

Antes de convertirse en vereda, estas tierras hacían parte de una propiedad más extensa que posteriormente fue adquirida y parcelada para familias campesinas. Algunas personas de la comunidad relacionan la antigua finca con Gaspar Lubo, reconocido comerciante guajiro cuyo nombre aún permanece en la memoria de la región y en distintas canciones vallenatas.

No existe una sola versión escrita sobre esta historia. Como sucede en muchos pueblos, una parte de la memoria de Casa Japón no está guardada en archivos, sino en las voces de quienes llegaron primero, en los apellidos de las familias y en los relatos que se repiten durante las reuniones o a la sombra de alguna casa.

Durante los años noventa, familias provenientes de diferentes lugares del país comenzaron a establecerse en la zona. Recibieron lotes y parcelas, levantaron viviendas, abrieron caminos y aprendieron a compartir un territorio que, con el paso del tiempo, se convirtió en comunidad.

Así, Casa Japón dejó de ser solamente el nombre de unas construcciones con una forma diferente. Se convirtió en el nombre de una vereda campesina que hoy reúne a cerca de sesenta familias y continúa creciendo entre la Troncal del Caribe y las últimas montañas de la Sierra.

La vida entre la Sierra y la Troncal

Por la mañana, algunas personas salen hacia Mingueo o toman la Troncal para trabajar en empresas de la zona. Otras permanecen en la vereda, cuidando las casas, preparando los alimentos o trabajando la tierra.

Aquí todavía hay campesinos que siembran, limpian los terrenos, esperan la lluvia y conocen las temporadas. Sin embargo, muchas familias no poseen grandes extensiones de tierra. Algunas deben alquilar las parcelas que cultivan, por lo que cada cosecha comienza con una cuenta pendiente.

Trabajar el campo sin ser dueño de la parcela significa sembrar sabiendo que una parte de lo producido ya tiene destino. Aun así, la agricultura continúa siendo una forma de vida, una fuente de alimento y una manera de conservar la relación con el territorio.

Otros habitantes han encontrado empleo en empresas que operan alrededor de Mingueo, incluidas algunas vinculadas a la actividad carbonífera. La vida de Casa Japón transcurre así entre dos paisajes: el de la Sierra, sus caminos y sus cultivos, y el de la Troncal, que conecta a la comunidad con otras poblaciones y oportunidades de trabajo.

Más arriba se encuentra una comunidad indígena con la que sus habitantes mantienen una relación cercana. Más abajo están Mingueo, la carretera y otros centros poblados, como Casa Aluminio y la parte de la cabecera municipal de Dibulla, sobre el mar Caribe.

Varios sectores de la vereda no cuentan con alumbrado público. Con la oscuridad, jugar deja de ser posible, los encuentros terminan más temprano y caminar de una casa a otra exige mayor cuidado.

La falta de iluminación no solo afecta la movilidad. También reduce el tiempo durante el cual la comunidad puede habitar sus espacios comunes.

En Casa Japón hay además una escuela que recibe a los niños y niñas durante la primaria. Para continuar sus estudios, deben desplazarse hacia otros centros educativos fuera de la vereda.

También existen unidades comunitarias donde se atiende a la primera infancia y un lugar en el que se reúnen los adultos mayores.

Son construcciones sencillas, pero importantes. Lugares donde la comunidad aprende, conversa, acompaña y se encuentra.

En los territorios rurales, una escuela nunca es solamente una escuela. Una cancha nunca es solo tierra y porterías. Son lugares donde una comunidad puede reconocerse, organizarse y seguir sintiéndose junta.

Casa Japón también ha vivido las consecuencias del conflicto armado que ha atravesado esta región de La Guajira. No siempre se habla de ello con detalle. Algunas historias se cuentan en voz baja; otras permanecen dentro de las familias.

El recorrido del agua

El agua que sostiene la vida de Casa Japón comienza su recorrido más arriba. Cerca de la vereda pasa un afluente proveniente del río Lagarto, uno de los cuerpos de agua que descienden desde la Sierra Nevada de Santa Marta. De allí obtienen las familias buena parte del agua que utilizan para cocinar, lavar, bañarse y beber.

Tuberías sobre piedras y agua en una corriente rodeada de vegetación.
Tuberías instaladas en la corriente forman parte de las soluciones de captación de agua de la comunidad.

Sin embargo, que el agua pase cerca no significa que llegue fácilmente a todas las viviendas.

Las familias que tienen los recursos instalan bombas y mangueras para transportarla desde la corriente hasta sus casas. Quienes no pueden asumir ese costo deben bajar directamente al afluente, llenar sus recipientes y regresar cargándolos.

Después, el agua se almacena para atender todas las necesidades del hogar.

No existe un sistema que la trate antes de llegar a las familias. El agua entra a las casas de la misma manera en que baja desde la montaña.

Durante el invierno, la corriente arrastra hojas, ramas, tierra y otros residuos. El agua cambia de color y aumenta la cantidad de sedimentos.

A veces, los materiales que descienden desde las partes más altas se acumulan en algunos puntos y bloquean el paso. Cuando esto ocurre, el agua deja de circular con normalidad y se deben gestionar trabajos con maquinaria pesada para retirar los residuos y abrir nuevamente el cauce.

En los periodos largos de sequía sucede lo contrario. El nivel del afluente disminuye y el agua deja de ser suficiente para abastecer a todas las familias. Entonces, la Alcaldía de Dibulla envía carrotanques para atender temporalmente a la comunidad.

En Casa Japón, el agua puede escasear porque no llueve o puede llegar cargada de sedimentos porque llovió demasiado.

Resolver con lo que se tiene

Cada familia ha encontrado su propia manera de hacer que el agua sea bebible.

Algunas le agregan cloro. Otras compran agua en Mingueo y la reservan únicamente para tomar o preparar alimentos. También están quienes consumen directamente el agua que llega desde el afluente porque no tienen otra alternativa.

Dicen que es un agua “más pesada”, a veces produce dolor de estómago, pero cuando una molestia se repite durante años, puede dejar de percibirse como una señal de alarma. Se vuelve una situación conocida, algo que sucede de vez en cuando y que termina formando parte de la vida.

Sin embargo, en muchas comunidades rurales, las familias no eligen entre agua segura y agua insegura. Eligen entre beber la que tienen o no beber.

Comprar agua en Mingueo representa un gasto constante. Instalar una bomba también cuesta. Conseguir cloro, recipientes adecuados o el gas para hervirla depende de los ingresos de cada hogar.

Así, una misma fuente de agua produce experiencias distintas: para algunas familias, el agua llega mediante una bomba hasta la vivienda. Para otras, implica bajar hasta la corriente y regresar cargando recipientes. Algunas pueden comprar agua para beber. Otras deben confiar en que aquello que baja de la Sierra no les haga daño.

El último tramo: antes de llegar al vaso

Tierra Grata llegó a Casa Japón para trabajar en el último tramo de ese recorrido.

No en la montaña donde comienza el agua. No en el cauce por donde desciende. Tampoco en las bombas o mangueras que algunas familias han instalado.

El trabajo ocurrió justo antes de que el agua llegara al vaso.

Cincuenta familias recibieron filtros para tratar el agua dentro de sus hogares. Otros cinco fueron destinados a la escuela y a las unidades comunitarias de atención a la primera infancia.

Las familias aprendieron a utilizarlos, limpiarlos y cuidarlos, para que el agua destinada al consumo pudiera pasar por un proceso de filtración antes de ser bebida.

Varias personas revisan las piezas de los filtros alrededor de una mesa al aire libre.
La jornada incluyó el reconocimiento de las piezas y el aprendizaje sobre el uso y cuidado de los filtros.

Un filtro no reemplaza un acueducto. Pero representa una posibilidad concreta dentro de la casa.

Ahora, parte del agua que llega desde un afluente del río Lagarto puede pasar por un proceso de tratamiento antes de ser consumida por un niño, una mujer, un adulto mayor o una familia que regresa después de trabajar bajo el sol.

En la escuela, significa que los niños y niñas pueden contar con agua filtrada durante su jornada. También puede utilizarse en la preparación de los alimentos que reciben a través de la alimentación escolar.

La tranquilidad de beber agua segura

Casa Japón tiene agua. Está en el afluente, en las lluvias y en las montañas que rodean la vereda. Lo que no ha tenido siempre es la tranquilidad de saber que esa agua puede beberse sin miedo.

Durante años, las familias han aprendido a resolverlo como pueden: bombeando, cargando recipientes, agregando cloro, comprando agua en Mingueo o esperando la llegada de un carrotanque.

Han aprendido a leer las temporadas, a reconocer cuándo la corriente viene más turbia y a identificar los puntos donde las ramas y los sedimentos impiden que el agua continúe bajando.

Han aprendido, incluso, a llamar “normal” al dolor de estómago.

Parece un recorrido pequeño el que hace el agua en Casa Japón, pero puede significar mucho cuando hay barreras para el consumo de agua segura.

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